Reproduzco aquí un texto que me pareció muy interesante, pertinente y acertado:
La sexualidad está condicionada por las
ideologías y las creencias prevalentes en cada cultura, que se
interiorizan en la infancia, resultando un conjunto de normas morales
que actuarán como guía en la vida sexual adulta produciéndose un
conflicto, entre los deseos sexuales de la persona y las normas, que
puede llegar a ocasionar trastornos físicos o psíquicos.
La relación entre religión y sexualidad
se ve afectada por la "moral sexual", entendida no tanto como parte de
la moral general o común a todas las personas, sino como una parte de la
moral religiosa que implica restricciones u obligaciones al
comportamiento sexual humano. Tales comportamientos varían entre unas y
otras épocas, así como entre distintas religiones o culturas de forma
que, las normas sociales y los estándares de conducta sexuales, suelen
estar relacionados con las creencias religiosas.
De acuerdo con esto, la mayor parte de
las religiones han visto la necesidad de dirigir la cuestión de un papel
"propio" de la sexualidad en las interacciones humanas.
En nuestra cultura, la religión católica
sanciona el sexo y lo convierte en pecado. Esta categoría de pecado ha
generado la doble moral como una práctica continua y cotidiana de sus
feligreses, sus sacerdotes, obispos y monjas. Así se presenta una gran
brecha entre "lo que se dice que se hace" "lo que se dice que se debe
hacer" y "lo que en realidad se hace".
Buena prueba de ello es que las
prácticas sexuales no han estado ausentes de la vida religiosa, y no
siempre desde un punto de vista saludable, ya que las denuncias sobre
violaciones, pedofilia, abortos y embarazos han estado presentes a lo
largo de la historia y, lamentablemente, también en la actualidad.
Por otra parte, el control que ejerce la
iglesia católica sobre la sexualidad de las mujeres ha afectado,
notablemente, a las políticas públicas vinculadas a la salud sexual y
reproductiva que se expresa en la prevención de: embarazos (en general y
en adolescentes), infecciones de transmisión sexual y VIH (SIDA) y
otras enfermedades de trasmisión sexual y problemas psicológicos y
emocionales derivados de una inexistente o simplemente mala política de
salud sexual y reproductiva y de una educación sexual insana.
Misoginia y Represión.
Las religiones, amparadas en "motivos
ancestrales", tratan de justificar lo injustificable poniendo de
relevancia criterios vertebrados en torno al patriarcado, para legitimar
situaciones como por ejemplo: arreglos matrimoniales para garantizar la
genealogía paterna y/o con fines lucrativos, mantener el rol sumiso de
las mujeres, el hecho de que las matronas, en muchas partes de América,
cobren más por atender el nacimiento de un niño que el de una niña, las
lapidaciones de mujeres adúlteras siguiendo el preceptos de la Sharia
(Ley islámica), el genocidio de niñas en China y otros países asiáticos,
etc..
Según todos los indicios, se podría
afirmar que las religiones monoteístas son las más explicitas en su
sentir patriarcal y misógino, pero si repasamos la Historia observamos
como, por ejemplo, Confucio (gran pensador chino del siglo V a C) decía:
"La mujer es lo más corrupto y lo más corruptible que hay en el mundo",
y que el mismo fundador del budismo, Sidhartha Gautama, afirmaba: "La
mujer es mala. Cada vez que se le presente la ocasión, toda mujer
pecará".
En la Biblia, un ejemplo claro lo
podemos encontrar en Eclesiastes 7:26: "He hallado que la mujer es más
amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un
lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella,
mas el pecador cae en su trampa." Así mismo, en el Génesis encontramos
las palabras que Dios dijo a Eva: "A la mujer le dijo: Tantas haré tus
fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia
tu marido irá tu apetencia, y él te dominará."
La misoginia, en fin, deja su rastro a
través de todos los textos. Así, Pablo (a quien se le atribuye el origen
del dogma cristiano) dice: "La mujer oiga la instrucción en silencio,
con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al
hombre. Que se mantenga en silencio. Porque Adán fue formado primero y
Eva en segundo lugar. Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que,
seducida, incurrió en la transgresión." (1Timoteo 2:11-14)
En otros ámbitos de fe, aún hoy, los
judíos ortodoxos repiten oraciones que se remontan a la antigüedad:
"Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer".
Actualmente entre 80 y 114 millones de mujeres y niñas son víctimas de
parteras tradicionales quienes, siguiendo el mandato patriarcal, al
compás de oraciones religiosas, mutilan sus órganos genitales.
Ni siquiera Alá, el gran inspirador de
suicidas que mueren con la esperanza de habitar el paraíso junto a siete
vírgenes personales, se salva de su desprecio hacia las mujeres. En el
Corán, en el verso 38 del capitulo "las mujeres" se lee: "Los hombres
son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las
cuales Alá ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los
hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas
son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia
de sus maridos, lo que Alá ha ordenado que se conserve intacto.
Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en
lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan,
no les busquéis camorra. Dios es elevado y grande".
La religión católica consagró su misma
existencia al patriarcado. Uno de sus "padres teológicos", San Agustín,
decía: "Vosotras, las mujeres, sois la puerta del Diablo: sois las
transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la
ley divina: vosotras sois las que persuadisteis al hombre de que el
diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras destruisteis
fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de
vuestra deserción, habría de morir el Hijo de Dios". También Santo Tomás
de Aquino, posiblemente el mas notorio de todos los teólogos católicos
(autor de las cinco vías) escribía: "Yo no veo la utilidad que puede
tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a
los hijos".
Muchos creyentes católicos, todavía hoy,
piensan que el machismo y la misoginia, inherente a su religión, son
cosa de un pasado oscuro, ya superado, por ejemplo, en el concilio
Vaticano II. Sin embargo, la Santa Iglesia Católica, sigue preparando a
sus feligreses para el matrimonio y enseñando que el deber de las
mujeres es servir a sus maridos, no tener control sobre su deseo de ser
madre y renunciar al placer sexual. Del mismo modo, a las mujeres que
consagran su vida a la religión les está vetado realizar los oficios
quedando relegadas a labores de cuidado y a la reproducción del mandato
patriarcal.
Por todas estas cuestiones, las
consultas de medicina sexual y reproductiva y de psicología están
concurridas por personas que no saben conjugar sus creencias con su
sentir y con su identidad humana, generando patologías que podrían
superarse con una buna información y con una profunda formación sobre
nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, dejando las creencias para las
cuestiones del espíritu, que para eso están.
Joana Capilla Lanagrán
También disponible en:
http://conlaa.org/conplacer.10/index.php?option=com_content&view=article&id=57&Itemid=58
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