Cosas que nos hace falta comprar para nuestro Hogar:
Dinero para ir pagando lo ya comprado
Ollas
Copas
Tazas
Sartenes
Paños
Cordeles
Matas
Ganchitos de ropa
Pinzas de ensaladas
Alfombras de baño
Cojines (verde, vino, amarillo)
Velas
$$ para pagar lo ya comprado
Floreros
Tabla de plancha
Plancha
Licuadora
Pirex(s)
Recipientes de cristal para guardar alimentos
Batidora
Sabanas Queen
Juego de comedor
Servicio de tapicería
Porta retratos
Toallas
Incienso
Vinos
Cortinas para sala y habitación
Mueble para vinos (no neverita)
Zafacones
Maseteros o tarros
Tostadora
Oliera (aceitera)
Cafetera
Tetera
$$ para pagar lo ya comprado
Azucarera y salera
Cuchillos
Porta tenedores de gaveta
Escurridor de platos
Base de cama
Tapa de platos en microondas
Dinero para pagar lo ya comprado
Hasta ahora hemos comprado:
Estufa
Lavadora
Nevera
Microondas
Lámpara
Jarra de vidrio
Florero de vidrio
Tabla de picar
Manteles individuales (4)
Cucharon
El otro que no sé cómo se llama :P
Espátulas (2)
Juego de cubiertos (20 piezas)
Cojines (rojo, azul)
Porta velas (3)
Platos
Vasos
Suape
Escoba
Coladores
Abrelatas
Sacacorchos
Agarra ollas
Porta vasos
Guayo/Rallador
Espejos sala
Que difícil se me hace / Mantenerme con coraje / Lejos de la transa y la prostitución / Defender mi ideología / Buena o mala pero mía / Tan humana como la contradicción.
16 April 2011
30 March 2011
Haitianos: pudo más la explotación que el patriotismo
This is an article from a colleague social worker, who is great and I totally support
Escrito por: ROSARIO ESPINAL
Rafael L. Trujillo ordenó la masacre de haitianos en 1937 para dominicanizar, pero dejó que trabajaran en los ingenios azucareros. Joaquín Balaguer, conocido intelectual del anti-haitianismo, trajo haitianos a trabajar en los ingenios y también permitió que suplieran la mano de obra en otros sectores de la economía.
Cuando los haitianos trabajaban solamente en el azúcar vivían encerrados en los bateyes y eran piezas exóticas del paisajismo de la pobreza dominicana. Su trabajo arduo bajo el sol picante enriqueció a colonos y dueños de ingenios públicos y privados, y luego a finqueros de otros productos.
Después vino la migración masiva de dominicanos al exterior en la década de 1980, y con ello el boom de la construcción en la década de 1990. Entonces ingenieros y constructores aprendieron de colonos y hacendados a contratar mano de obra barata haitiana.
En Haití, por su parte, las cosas cambiaban. El dictador Jean Claude Duvalier fue derrocado en 1986, y sin terror estatal cotidiano, los haitianos comenzaron a desplazarse. No había ya una contraparte gubernamental haitiana para que República Dominicana contratara mediante acuerdo de gobierno a gobierno la traída de haitianos. Se hizo entonces por la libre.
En la medida que la inestabilidad y la miseria en Haití aumentaron, también creció el deseo haitiano de emigrar, y República Dominicana, por ubicación geográfica, es el destino migratorio natural.
Sin controles fronterizos adecuados y sin requerimientos legales para dar empleo, la República Dominicana siguió recibiendo haitianos, y con el paso del tiempo, no hubo voluntad gubernamental para controlar ni adecentar el proceso migratorio.
He aquí la situación actual. Civiles y militares dominicanos ubicados en puestos de frontera hacen muy mal su trabajo (la prueba más evidente es la cantidad de haitianos indocumentados que cruza constantemente), los empresarios quieren trabajadores haitianos para explotarlos (son los primeros que gritan cuando se los quitan), y los voceros dizque nacionalistas hacen bulla, azuzan la xenofobia, crean fábulas de fusión, y no proponen soluciones viables.
Encima, cuando el gobierno hace repatriaciones es puro teatro porque sacan los haitianos por un lado y entran por el otro. Las redadas permiten al gobierno dar la apariencia de que combate la migración indocumentada, pero en unos días concluyen las repatriaciones, generalmente cuando algún diplomático habla de derechos humanos y un funcionario dominicano envalentonado le responde. Fin del espectáculo mediático.
Ahora República Dominicana tiene una nueva Constitución que no resuelve nada. Niega derechos de ciudadanía a los hijos de indocumentados nacidos en territorio dominicano, pero hay muchos miles de personas que nacieron en territorio dominicano, son hijos de inmigrantes haitianos indocumentados y no van a regresar a Haití porque se criaron en República Dominicana. Esta población permanece sin papeles y sin derechos elementales.
En vez de ayudar a resolver el problema, esta Constitución agrava la situación porque gesta una nación de apartheid, y quien no quiera verlo así que reflexione profundamente sobre las implicaciones sociales y legales del Artículo 18.
La situación actual es sumamente peligrosa porque hay muchos inmigrantes haitianos, la sociedad dominicana no tiene recursos económicos para integrarlos adecuadamente, el sistema legal es excluyente, y muchos empresarios tienen como único propósito explotarlos.
Esta situación produce y seguirá produciendo fricciones a nivel popular entre dominicanos y haitianos, y estas fricciones, aunque favorables para la explotación laboral que desean muchos empresarios, incluyendo el Estado, son funestas para la convivencia humana.
En este 167 Aniversario de la Independencia vale decir que en la República Dominicana pudo más el deseo de explotación que el patriotismo inspirador de la gesta de 1844.
Also published at:
http://www.hoy.com.do/opiniones/2011/2/22/363607/Haitianos-pudo-mas-la-explotacion-que-el-patriotismo
Escrito por: ROSARIO ESPINAL
Rafael L. Trujillo ordenó la masacre de haitianos en 1937 para dominicanizar, pero dejó que trabajaran en los ingenios azucareros. Joaquín Balaguer, conocido intelectual del anti-haitianismo, trajo haitianos a trabajar en los ingenios y también permitió que suplieran la mano de obra en otros sectores de la economía.
Cuando los haitianos trabajaban solamente en el azúcar vivían encerrados en los bateyes y eran piezas exóticas del paisajismo de la pobreza dominicana. Su trabajo arduo bajo el sol picante enriqueció a colonos y dueños de ingenios públicos y privados, y luego a finqueros de otros productos.
Después vino la migración masiva de dominicanos al exterior en la década de 1980, y con ello el boom de la construcción en la década de 1990. Entonces ingenieros y constructores aprendieron de colonos y hacendados a contratar mano de obra barata haitiana.
En Haití, por su parte, las cosas cambiaban. El dictador Jean Claude Duvalier fue derrocado en 1986, y sin terror estatal cotidiano, los haitianos comenzaron a desplazarse. No había ya una contraparte gubernamental haitiana para que República Dominicana contratara mediante acuerdo de gobierno a gobierno la traída de haitianos. Se hizo entonces por la libre.
En la medida que la inestabilidad y la miseria en Haití aumentaron, también creció el deseo haitiano de emigrar, y República Dominicana, por ubicación geográfica, es el destino migratorio natural.
Sin controles fronterizos adecuados y sin requerimientos legales para dar empleo, la República Dominicana siguió recibiendo haitianos, y con el paso del tiempo, no hubo voluntad gubernamental para controlar ni adecentar el proceso migratorio.
He aquí la situación actual. Civiles y militares dominicanos ubicados en puestos de frontera hacen muy mal su trabajo (la prueba más evidente es la cantidad de haitianos indocumentados que cruza constantemente), los empresarios quieren trabajadores haitianos para explotarlos (son los primeros que gritan cuando se los quitan), y los voceros dizque nacionalistas hacen bulla, azuzan la xenofobia, crean fábulas de fusión, y no proponen soluciones viables.
Encima, cuando el gobierno hace repatriaciones es puro teatro porque sacan los haitianos por un lado y entran por el otro. Las redadas permiten al gobierno dar la apariencia de que combate la migración indocumentada, pero en unos días concluyen las repatriaciones, generalmente cuando algún diplomático habla de derechos humanos y un funcionario dominicano envalentonado le responde. Fin del espectáculo mediático.
Ahora República Dominicana tiene una nueva Constitución que no resuelve nada. Niega derechos de ciudadanía a los hijos de indocumentados nacidos en territorio dominicano, pero hay muchos miles de personas que nacieron en territorio dominicano, son hijos de inmigrantes haitianos indocumentados y no van a regresar a Haití porque se criaron en República Dominicana. Esta población permanece sin papeles y sin derechos elementales.
En vez de ayudar a resolver el problema, esta Constitución agrava la situación porque gesta una nación de apartheid, y quien no quiera verlo así que reflexione profundamente sobre las implicaciones sociales y legales del Artículo 18.
La situación actual es sumamente peligrosa porque hay muchos inmigrantes haitianos, la sociedad dominicana no tiene recursos económicos para integrarlos adecuadamente, el sistema legal es excluyente, y muchos empresarios tienen como único propósito explotarlos.
Esta situación produce y seguirá produciendo fricciones a nivel popular entre dominicanos y haitianos, y estas fricciones, aunque favorables para la explotación laboral que desean muchos empresarios, incluyendo el Estado, son funestas para la convivencia humana.
En este 167 Aniversario de la Independencia vale decir que en la República Dominicana pudo más el deseo de explotación que el patriotismo inspirador de la gesta de 1844.
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A song with meaning
I heard about Edith before, but never paid attention to her. There is a film that now I would like to see and this song came to me in several ways in a short period of 3 days.
I guess I heard it in a special way because it says something deep for me in these days.
here is the video:
I guess I heard it in a special way because it says something deep for me in these days.
here is the video:
29 March 2011
Desde la OIT
"Es hora de una nueva era de justicia social basada en el trabajo decente"
Mensaje de Juan Somavia* por el Día Mundial de la Justicia Social 2011
GINEBRA – Este es el momento de construir una nueva era de justicia social sobre las bases del trabajo decente.
Los eventos recientes, transmitidos por las pantallas de televisión de todo el mundo, han puesto el acento sobre demandas que se han estado gestando en el corazón de la gente por mucho tiempo: el deseo de una vida y futuro decentes basados en la justicia social.
Las fallas de la economía mundial, evidentes desde hace mucho tiempo, se están fracturando y revelando incertidumbre y vulnerabilidad, sentimientos de exclusión y opresión, y una falta de oportunidades y empleos, todo ello agravado por la crisis económica mundial.
A las mujeres y hombres sin trabajo ni forma de ganarse la vida no les importa que sus economías crezcan anualmente al 3, 5 ó 10 por ciento, si ese crecimiento los deja rezagados y desprotegidos. Lo que sí les importa es que sus líderes y sociedades promuevan políticas que ofrezcan trabajo y justicia, pan y dignidad, libertad para expresar sus necesidades, sus esperanzas y sueños, y el espacio para forjar soluciones prácticas en el cuales ellos no sean siempre los perjudicados.
La verdad es que las personas suelen juzgar si la sociedad, la economía y la política funcionan bien a través del prisma del empleo: si tienen o no trabajo, la calidad de vida que éste les permite, qué sucede cuando están desempleados o no pueden trabajar. La calidad del trabajo define la calidad de una sociedad de varias maneras.
Sin embargo, vemos que el mundo del trabajo está en ruinas: más de 200 millones de personas desempleadas en el mundo, incluyendo cerca de 80 millones de jóvenes –ambas cifras se encuentran o se aproximan a los niveles más altos jamás registrados–. Es más, el número de trabajadores en empleo vulnerable –1.500 millones– y de trabajadores pobres que viven junto a sus familias con 1,25 dólares o menos al día –630 millones–, va en aumento.
Al mismo tiempo, crecen las desigualdades a nivel mundial. La crisis ha reducido a la mitad el crecimiento de los salarios, ha disminuido la movilidad social fruto del trabajo y ha atrapado a más y más personas en empleos mal remunerados. La brecha de los ingresos también está aumentando en algunos países. Los jóvenes enfrentan la probabilidad cada vez mayor de no encontrar nunca un trabajo decente y corren el riesgo de convertirse en una generación perdida. La clase media generalmente se encuentra desorientada y yendo hacia atrás.
Para alcanzar una globalización justa se precisa una nueva visión de la sociedad y de la economía, con un enfoque equilibrado entre el papel del Estado, los mercados y la sociedad, y una compresión clara de las posibilidades y limitaciones de la acción individual dentro de este contexto. Las acciones deben trascender la simple recuperación del crecimiento. No saldremos de la crisis con las mismas políticas que la originaron.
Necesitamos avanzar hacia una nueva era de justicia social. ¿Qué necesitamos hacer? En el mundo del trabajo, los pasos son claros:
Primero, reconocer que el trabajo no es una mercancía. Las políticas deben basarse en los valores humanos de solidaridad, dignidad y libertad. El trabajo no es sólo un costo de producción, es una fuente de dignidad personal, estabilidad familiar y paz en la comunidad.
Segundo, hacer que el objetivo de crear empleo sea un componente central de las prioridades políticas macroeconómicas, junto con la baja inflación y las cuentas fiscales en orden.
Tercero, ofrecer una protección social, que sea sostenible desde el punto de vista fiscal, a las ocho de cada 10 personas en el mundo que actualmente carecen de cualquier tipo de seguridad social, comenzando por un piso básico de protección social universal.
Cuarto, reconocer que los derechos fundamentales en el trabajo y el diálogo social, que pertenecen a la esfera de la libertad y dignidad humanas, son también instrumentos para incrementar la productividad y alcanzar un desarrollo equilibrado.
Quinto, estimular las inversiones y ayudar a los inversionistas en pequeñas empresas, en sectores de empleo intensivo, en mercados de trabajo inclusivos y en el desarrollo de calificaciones.
Como demuestran los ejemplos de Túnez y Egipto, empleo y justicia, pan y dignidad, protección y democracia, y seguridad nacional y mundial, no son demandas que estén disociadas unas de otras. Lo que suceda en el futuro dependerá mucho de si estas interrelaciones se toman en cuenta y de si se actúa en consecuencia.
El trabajo decente establece estas interrelaciones.
“La paz universal y duradera sólo puede alcanzarse si se basa en la justicia social”. Las palabras admonitorias de la Constitución de 1919 de la OIT reverberan en el mundo actual.
Hoy más que nunca es el momento de construir una nueva era de justicia social sobre las bases del trabajo decente.
* Juan Somavia es el Director General de la OIT.
Para más información sobre la OIT y el Día Mundial de la Justicia Social visite:
http://www.ilo.org/global/meetings-and-events/campaigns/voices-on-social-justice/lang--es/index.htm
Mensaje de Juan Somavia* por el Día Mundial de la Justicia Social 2011
GINEBRA – Este es el momento de construir una nueva era de justicia social sobre las bases del trabajo decente.
Los eventos recientes, transmitidos por las pantallas de televisión de todo el mundo, han puesto el acento sobre demandas que se han estado gestando en el corazón de la gente por mucho tiempo: el deseo de una vida y futuro decentes basados en la justicia social.
Las fallas de la economía mundial, evidentes desde hace mucho tiempo, se están fracturando y revelando incertidumbre y vulnerabilidad, sentimientos de exclusión y opresión, y una falta de oportunidades y empleos, todo ello agravado por la crisis económica mundial.
A las mujeres y hombres sin trabajo ni forma de ganarse la vida no les importa que sus economías crezcan anualmente al 3, 5 ó 10 por ciento, si ese crecimiento los deja rezagados y desprotegidos. Lo que sí les importa es que sus líderes y sociedades promuevan políticas que ofrezcan trabajo y justicia, pan y dignidad, libertad para expresar sus necesidades, sus esperanzas y sueños, y el espacio para forjar soluciones prácticas en el cuales ellos no sean siempre los perjudicados.
La verdad es que las personas suelen juzgar si la sociedad, la economía y la política funcionan bien a través del prisma del empleo: si tienen o no trabajo, la calidad de vida que éste les permite, qué sucede cuando están desempleados o no pueden trabajar. La calidad del trabajo define la calidad de una sociedad de varias maneras.
Sin embargo, vemos que el mundo del trabajo está en ruinas: más de 200 millones de personas desempleadas en el mundo, incluyendo cerca de 80 millones de jóvenes –ambas cifras se encuentran o se aproximan a los niveles más altos jamás registrados–. Es más, el número de trabajadores en empleo vulnerable –1.500 millones– y de trabajadores pobres que viven junto a sus familias con 1,25 dólares o menos al día –630 millones–, va en aumento.
Al mismo tiempo, crecen las desigualdades a nivel mundial. La crisis ha reducido a la mitad el crecimiento de los salarios, ha disminuido la movilidad social fruto del trabajo y ha atrapado a más y más personas en empleos mal remunerados. La brecha de los ingresos también está aumentando en algunos países. Los jóvenes enfrentan la probabilidad cada vez mayor de no encontrar nunca un trabajo decente y corren el riesgo de convertirse en una generación perdida. La clase media generalmente se encuentra desorientada y yendo hacia atrás.
Para alcanzar una globalización justa se precisa una nueva visión de la sociedad y de la economía, con un enfoque equilibrado entre el papel del Estado, los mercados y la sociedad, y una compresión clara de las posibilidades y limitaciones de la acción individual dentro de este contexto. Las acciones deben trascender la simple recuperación del crecimiento. No saldremos de la crisis con las mismas políticas que la originaron.
Necesitamos avanzar hacia una nueva era de justicia social. ¿Qué necesitamos hacer? En el mundo del trabajo, los pasos son claros:
Primero, reconocer que el trabajo no es una mercancía. Las políticas deben basarse en los valores humanos de solidaridad, dignidad y libertad. El trabajo no es sólo un costo de producción, es una fuente de dignidad personal, estabilidad familiar y paz en la comunidad.
Segundo, hacer que el objetivo de crear empleo sea un componente central de las prioridades políticas macroeconómicas, junto con la baja inflación y las cuentas fiscales en orden.
Tercero, ofrecer una protección social, que sea sostenible desde el punto de vista fiscal, a las ocho de cada 10 personas en el mundo que actualmente carecen de cualquier tipo de seguridad social, comenzando por un piso básico de protección social universal.
Cuarto, reconocer que los derechos fundamentales en el trabajo y el diálogo social, que pertenecen a la esfera de la libertad y dignidad humanas, son también instrumentos para incrementar la productividad y alcanzar un desarrollo equilibrado.
Quinto, estimular las inversiones y ayudar a los inversionistas en pequeñas empresas, en sectores de empleo intensivo, en mercados de trabajo inclusivos y en el desarrollo de calificaciones.
Como demuestran los ejemplos de Túnez y Egipto, empleo y justicia, pan y dignidad, protección y democracia, y seguridad nacional y mundial, no son demandas que estén disociadas unas de otras. Lo que suceda en el futuro dependerá mucho de si estas interrelaciones se toman en cuenta y de si se actúa en consecuencia.
El trabajo decente establece estas interrelaciones.
“La paz universal y duradera sólo puede alcanzarse si se basa en la justicia social”. Las palabras admonitorias de la Constitución de 1919 de la OIT reverberan en el mundo actual.
Hoy más que nunca es el momento de construir una nueva era de justicia social sobre las bases del trabajo decente.
* Juan Somavia es el Director General de la OIT.
Para más información sobre la OIT y el Día Mundial de la Justicia Social visite:
http://www.ilo.org/global/meetings-and-events/campaigns/voices-on-social-justice/lang--es/index.htm
25 December 2010
Flor de Lis
After a long, very long absence I´m back with somethig I wrote for a dear cousin, we have always known about each other, but it was until this spring-summer that we re-discover each other. I promise her to make a "description" of her, and here it is:
Flor de Lis

Azucena extremadamente dedicada y empeñada en vivir y amar. Sin duda, una liliácea increíble, llena de amor y entrega familiar, fiel e incondicional, que en verdad sabe apreciar los detalles y pequeñas cosas de la vida, tiene un formidable talento para percibir y sentir a las personas, leer las inquietudes de sus almas y permitirles un espacio en la de ella, creando una armoniosa interacción que sobrepasa la cordialidad y alcanza una real conexión de seres.
Es una flor bien plantada, que no simpatiza de polinizar sin dirección, le agrada estar consciente de lo hace y lo que le sucede, informarse y participar. Si bien esto la puede llevar a perderse de aventuras y riesgos que la espontaneidad de la vida le puede presentar, su manera de apreciar los detalles de la vida no le permite sufrir de desbalances.
Su profunda delicadeza sentimental se hace visible apenas uno se acerca. Su aroma a intimidad: perfume de cercanía, crea su ambiente, su rinconcito. Lamentablemente muchas veces tan bella característica no encuentra correspondencia en el mundo que nos rodea. Esto achicopala a cualquiera, haciéndonos víctimas de presiones y tabúes sociales y culturales. Sólo quien tiene la humildad y capacidad de apreciar las cosas bellas de la vida puede florecer y brillar aún a sabiendas de su potencial cautivo.
Los talentos y la personalidad de este lirio te hacen sentir que hay grandeza y realización en su destino, como persona y como profesional. Lo más interesante es que la cuestión tiempo está en su control. Ella decidirá el cómo y el cuándo polinizar nuevos aires. Lo más probable será cuando sienta que su tallo pueda sostener el embiste de nuevos vientos, que sus pétalos están suficientemente perfumados para compartir su aroma con quien se tope, que lleva polen que alcance para todo el camino, que sepa con cuales otras azucenas puede contar para las jornadas buenas y malas, que las flores que la rodean puedan co-llevar su ausencia.
Está segura que el sol siempre brillará para ella, pero ese calorcito debe venir desde dentro... Mientras, nos deleitamos de poder compartir con semejante beldad.
10 August 2010
Siete retos para la sociedad civil
My dear teacher Ramón Tejada Holguín exresses some interesting points to discuss about the future of the people in the Civil society organizations.
Con humildad presento lo que pueden ser los 7 desafíos que tienen las organizaciones de la sociedad civil en la actual coyuntura.
1-Alejarnos del “proyectismo”. Las organizaciones necesitan sus propias estrategias de intervención, pero hay quienes participan cuando hay "proyectos" financiados.
2-Es bueno hacer sinergia con el Estado, pero hay que alejarse del peligro de caer en el “consultorismo”, es decir evitar que la participación en los mecanismos consejos y comisiones sea una forma de conseguir consultoría de parte de Organizaciones No Gubernamentales.
3-Abandono de la manía concupiscente del consenso y el “tó debemos estar juntos”. Hay áreas de coordinación como la anticorrupción, pero no en todo se debe estar juntos. Hay la necesidad de articulación de “tanques de pensamiento” de los sectores más excluidos y que ayuden al diseño de estrategias. ¿Qué organización política les representa, y cuáles tienen más oído para el mundo empresarial y de los sectores medios?
4-Resignificar lo político. Una tendencia peligrosa, dentro de las organizaciones de la sociedad civil, es el desprestigiar a la actividad política y creer que la buena participación se hace desde las esferas civiles, mientras que lo malo se encuentra en el mundo político. El universo de las organizaciones políticas y el de las organizaciones civiles se alimenta de seres socializados en la sociedad dominicana. Hay buenos y malos en todos lados.
5-Trascender la visión de que necesitamos más reformas institucionales, como si requiriéramos más leyes que engrosen las filas de los papeles que no se cumplen, ni se cumplirán. Usemos lo que hay: Ley de función pública, Ley de acceso a la información, Ley de presupuesto, Ley de compra y contrataciones del estado, decreto que crea las comisiones de auditorías sociales, Ley que establece el sistema nacional de planificación, entre otras. Las organizaciones civiles y sus representantes hemos participados de una u otra forma en el debate sobre ellas. Algunas leyes apenas se cumplen, otras se violan sistemáticamente, y a pocas le hemos dado un seguimiento constantes, o “gardeo a presión”, como se dice en el Basketball. Dejemos de pedir nuevas leyes y dediquémonos a hacer que se cumplan las existentes.
6-Necesitamos un diagnostico claro, sin temor, no complaciente de nuestra sociedad, del tejido social, del sistema político clientelar, y de las organizaciones civiles en general.
7-Finalmente tenemos el desafío de concentrar nuestras fuerzas, no seguir dispersos y quejándonos de que el otro no quiere aceptar que nuestra idea es la mejor, sin darnos cuenta que somos el otro de ese otro. Hay que dialogar entre nosotros, pero, tomando en cuenta lo diverso y plural de la sociedad civil. Muchas veces en el seno de los debates dentro de las organizaciones civiles decimos, “nosotros esto”, “nosotros aquello”, pero no nos interrogamos seriamente ¿de qué nosotros hablamos?
also published at:
http://www.perspectivaciudadana.com/?itemid=33890
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